domingo, 10 de agosto de 2014

LA HISTORIA ESTA PARA ESCRIBIRLA.

Fútbol sala, cómo la crisis puede acabar con un deporte

El fútbol sala español, hinchado durante los años de bonanza económica, no es ni una sombra de lo que fue en su día

Kike Boned, icono del futsal español, se ha retirado esta temporada / elpozomurcia.comKike Boned, icono del futsal español, se ha retirado esta temporada / elpozomurcia.com
El fútbol sala, ese deporte del que muchos sólo se acuerdan cuando se ganan grandes torneos, no es ni una sombra de lo que fue antaño. Un deporte que llegó a amenazar en popularidad a otros de segunda línea como el baloncesto se encuentra hoy en día con apenas unos cuantos equipos profesionales.
Recuerdo cuando hace unos quince años mi padre me llevó a un partido del equipo de fútbol sala de mi ciudad natal, el Playas de Castellón. Por aquel entonces acababan (o acabábamos) de ganar la Liga y después llegarían tres Copas de Europa seguidas, todo un logro para una ciudad de poco más de 100.000 habitantes. Entonces unas malas gestiones sumadas al ascenso del C.D. Castellón a Segunda División hizo que gran parte de las 4.500 almas que llenaban cada 15 días el Ciutat de Castelló desde 1996 perdiesen interés en el club que tantas alegrías les había dado reinando en el viejo continente.
El desencanto se contagió al presidente, que dejó al club a su suerte en manos de gerentes y directores que debían hacer malabarismos con un presupuesto cada vez más escaso. Todos los ídolos de la infancia y juventud iban abandonando el equipo; los Javi Rodríguez, Cupim, Javi Sánchez, etc. daban lugar a los más modestos Dani Salgado, André o Minhoca. Finalmente, el club descendió deportivamente hace un par de temporadas y, dados los problemas económicos, tuvo que ser refundado quedándose en poco más que un grupo de amigos, un grupo de amigos con tres Copas de Europa.

La misma suerte han recorrido la mayoría de equipos históricos de la Liga Nacional de Fútbol Sala, salvo ElPozo Murcia e Inter Movistar. Durante los primeros años del siglo XXI, la burbuja inmobiliaria provocó que a muchos promotores del ladrillo les 'sobrase' el dinero y decidiesen invertir con turbios objetivos en el deporte de los doblepenaltis y el parquet que en el año 2000 le había arrebatado en Guatemala el trono mundial a la selección brasileña. De esta forma surgieron equipos como el PSG Móstoles, Armiñana Valencia o el temido Polaris World Cartagena.
El presupuesto de estos equipos muchas veces doblaba o triplicaba el de otros de su misma categoría, sobretodo en el caso de los cartageneros, que en 2005 gastó 1'1 millones de euros (dos veces el presupuesto del Carnicer Torrejón) para hacerse con Lenísio y Balo, jugadores referentes en ElPozo Murcia. Este tipo de traspasos, sumados a los nuevos contratos millonarios que ofrecían a los jugadores, provocó un cisma económico en la LNFS ante la pasividad del por aquel entonces presidente de la Liga, Santiago Márquez.
De la misma forma que se inflaba la burbuja inmobiliaria, se inflaban también las fichas de los jugadores, que cada vez pedían más y más y los clubes se veían obligados a endeudarse para evitar que pasase un Polaris World de turno y les privase de su estrella. Mientras tanto, el 'tecnócrata' Carlos Gascón tomaba la presidencia de la Liga; era 2007 y todo estaba a punto de estallar.

Llegó la crisis y la inmobiliaria de la Manga del Mar Menor decidió hacer las maletas tras no lograr ni un sólo título pese a haber invertido varios millones de euros y formar una plantilla que era la envídia de toda Europa, dejando al equipo, la ciudad y la afición abandonados a su suerte. El mismo camino recorrieron los propietarios del PSG Móstoles (de cuyas cenizas nació un humilde subcampeón de Copa ese mismo año) y el efímero Armiñana Valencia. Los jugadores brasileños, acostumbrados a contratos que ya no podían tener lugar en España, iniciaron un éxodo a su país natal o a otras ligas con algún oasis adinerado, como es el caso de la liga rusa.
Sin la técnica carioca, la LNFS perdió mucha calidad y atractivo. Una pérdida que se vio agravada con la imposición de las Normas FIFA, mucho menos vistosas a ojos del entrenador y del espectador. Esta imposición suscitó un gran debate en todo el mundillo de este deporte; fue una situación similar a la que se vive en el mundo del baloncesto con las normas FIBA y las normas NBA, sólo que los americanos saben preservar y cuidar el espectáculo.
La crisis seguía avanzando y los siguientes en caer tras las inmobiliarias eran los bancos, los cuales también tenían algún interés invertido en el futsal. Fue así como otro histórico de la Liga, el Caja Segovia, quedaba tocado para hundirse años después no sin antes dar una alegría a los fieles segovianos con un subcampeonato liguero.
La LNFS perdía equipos por deudas y aquellos que se ganaban el ascenso no podían hacer frente a la plaza, llegándose a disputar una liga de 15 equipos con el poco estético 'Descansa' jornada tras jornada en una competición que se suponía que era la mejor del mundo. La Liga buscaba clubes de Segunda División (otrora denominada División de Plata) que pudiesen ocupar las plazas vacantes. En el futsal español no ascendía quien ganaba, ascendía quien tenía dinero.
En medio de esta hecatombe, donde equipos que quedaban a mitad tabla se veían forzados a descender varias divisiones o a desaparecer directamente, surgió de nuevo la sección del F.C. Barcelona en este deporte. Los culés, con un presupuesto casi ilimitado, se encargaron de fichar lo mejor de cada casa, desarmando así a los rivales y abriendo más la brecha entre los clubes con una economía más que tocada y aquellos que si no veían reducido su presupuesto a la temporada siguiente podían considerarse 'clubes ricos'.
No obstante, una buena plantilla no hace un buen equipo, y así ocurrió en el Palau Blaugrana, donde al entrenador Marc Carmona le costó cuatro temporadas y el desarme de rivales directos como Inter Movistar o ElPozo Murcia lograr hacerse con el primer título para los azulgranas.

También llegó a la presidencia de la Liga Javier Lozano, ex seleccionador nacional con el que, bajo su tutela, España logró colocar dos estrellas sobre su escudo. Su irrupción en la presidencia supuso una bocanada de aire fresco; tanto fue así que se llegó a un convenio con el Diario Marca para que la competición fuese retransmitida por el canal de televisión del periódico y con un mejor trato, tanto periodístico como audiovisual, que el que ofrecía TVE.
Pero el hábito no hace al monje y durante temporadas la LNFS se podía resumir en títulos para el Barça donde ElPozo e Inter se disputaban el segundo puesto, un mismo y aburrido guión que se repetía una y otra vez y que sólo el tiempo y la poco lúcida dirección deportiva de Marc Carmona logró cambiar la pasada campaña.
El desencanto de los aficionados y la poca vistosidad del juego, donde las normas FIFA premian más a quien se cierra que a quien arriesga, ha terminado afectando al baluarte del fútbol sala español: la selección deJosé Venancio López. Si durante los primeros ocho años de siglo parecía que reinábamos en el futsal mundial, Brasil se encargó de recordarnos que no pasamos por nuestro mejor momento en dos ocasiones: en el país carioca en 2008 y en Tailandia en 2012. Unos síntomas de desmejora que se han hecho más evidentes con la derrota a comienzos de año en la Eurocopa, una competición que desde 2003 no perdía La Roja (disputándose cada dos años).

La crisis, la codicia y la falta de previsión han convertido a uno de los deportes que más alegrías ha dado en España en una actividad un tanto más vulgar, donde en las competiciones nacionales el guión ya está escrito y siempre gana quien más grande tiene el bolsillo. Un punto y final a una etapa que bien representa la carrera del mejor jugador de fútbol sala español de la última década: Kike Boned, quien ilustra el encabezado de estas líneas; un ejemplo de humildad, compañerismo y solidaridad, tres valores básicos en este deporte, que ha decidido colgar las botas este verano en su equipo de adopción: ElPozo Murcia.
Por suerte, fuera del país el futsal sigue evolucionando y es, en buena medida, gracias a muchos de nuestros 'exiliados'. Miguel Rodrigo, entrenador que puso el germen del Caja Segovia subcampeón de Liga, lleva desde 2009 siendo seleccionador nacional de Japón, expandiendo el fútbol sala por todo el continente asiático de la misma forma que hizoPulpis con Tailandia, Luis Fonseca en Kuwait, Sito Rivera en Europa del Este y otros muchos que nos hacen recordar que fuera de nuestras fronteras este deporte está muy vivo.

No hay comentarios: